domingo, 3 de febrero de 2013

007


Así empezaba lo que más adelante sería mi futuro.        
Con el tiempo nuestras amigas, mi hermana y yo, nos enteramos de un taller escuela de la falange.
Se llamaba Taller Escuela Sindical Femenino. ¡No le agradó a mi padre! Pero ya dije en una ocasión que él era muy liberal
y como siempre nos dejó acudir a esa escuela. Siempre hacíamos lo que queríamos, si él consideraba que no era malo. 
Fuimos con varias amigas del barrio. Fué la época más positiva de mi vida. Allí es donde comprendí lo que me gustaba. 
También entendí que podía ser mi futuro y el de mi familia. ¿Por qué no les agradaba si no conocían la escuela? 
Nos daban un uniforme con el escudo de falange.
El año que estuvimos íbamos muy contentas. ¡De pequeña no entendía las razones de los mayores!. Lo que yo quería era aprender. ¡Saber qué es lo que me gustaba! Esa escuela parecía que me lo brindaba.
En la escuela, lo primero que vi fueron muchas aulas. En cada una de ellas era un oficio.

Detallo para poder entenderlo: 
Taller de muñecas; empezando por los moldes, estos eran por piezas. Cabeza, cuerpo, pies y brazos. Empezábamos por la cabeza de la muñeca. Hacíamos el engrudo y con papel de estraza lo impregnábamos en aquel engrudo. Se iba poniendo a trocitos pequeños en el molde. Una vez relleno el molde y seco, se sacaban y se unían las piezas delantera y trasera de la cabeza por las orejas 
con tiras del mismo papel. Se dejaba secar y se lijaba con una escofina. Igualmente se hacía con el cuerpo, los brazos y piernas.
En esa cocina, los pintores llegaban especialmente a pintar al Duco todas las muñecas. Les daban leche por ser tóxico.
Una vez que se secaba la pintura;  Se ponían alambres para las articulaciones. 
Cuando estaban a falta de los las ojos, los colocábamos nosotras. Estos eran de cristal con movimiento muy bonitos y articulados. 
¡Menos pintar al duco lo hacíamos todo!

En la cocina de esa escuela, era donde metíamos al horno las pelucas de las muñecas mojadas y peinadas por nosotras para que se secaran. A las muñecas se las peinaban con pelo natural. Era muy interesante. Se hacía todo; desde alisar el pelo con el aparato con púas de alambre tamaño de un cepillo normal, puesto sobre la mesa de trabajo para desenredar el pelo y hacer finas hebras. Se hacía un manojo de pelo natural. Después en otra mesa teníamos una tabla horizontal de medio metro más o menos. Tenía en los extremos un tubo a cada lado en vertical sujeto a la tabla de unos 40 cm. Los tres cordones horizontales metidos en los tubos separados uno de otro, metiendo el pelo haciendo una M. Hacíamos las tiras de 30 cm. Después se tejía alrededor de la malla,
que ya tenía forma de cabeza y una vez cosida la pegábamos a la cabeza de la muñeca. Las peinábamos... Ahí descubrí mi afición
de peluquera y me sirvió para mi profesión. La directora en una ocasión me dijo que estuviera en el aula de las muñecas más tiempo si yo quería. Se me daba muy bien peinarlas y me gustaba muchísimo. Las pelucas, los zapatos de piel hechos por nosotras.
En cada aula se hacía un trabajo distinto. En esa aula estábamos dos horas o más. 

Había también taller de modista. Los vestidos eran perfectos, como para mayores. ¡Nunca me gusto coser! Pero allí... ¡Era divertido!. Lo cosíamos a máquina y a mano se hacía hasta la ropa interior de las muñecas. De vez en cuando se estropeaban las máquinas de coser. ¡Éramos muchas niñas aprendiendo!. Como era poca cosa, el mecánico me quiso instruir a mí. Estábamos todas las niñas mirando como lo arreglaba y dijo; "¡tú misma!"  Solamente se enredaba la canilla con los hilos. Lo arreglaba y cuando volvía a pasar, si no estaba en esa clase me llamaban para arreglar la máquina. No recuerdo que marca era, si Singer o Alfa. Para mí eso no tenía importancia. Hoy día si me importa. En otra aula había un telar enorme de madera y carriles, con bobinas devanadoras, los hilos de varios colores y blancos. También estábamos unas dos horas, alternando los días. El taller de repujado también era interesante. También dábamos dibujo. ¡Eso sí que me gustaba! Lo descubrí allí… La profesora Dª Gloria, decía que valía para el dibujo.

Cuando terminó el curso me regalaron la muñeca con todos los trajes. Me hizo mucha ilusión, resultaban tan lindas...
Se lo regale a una sobrina de mi madre que se marchaba para Venezuela a emigrar. Se iban mis tres primas casi de mi edad. 
La pequeña es la que más pena me dio y se la di la misma semana que me la regalaron.

Empezaron las clases de nuevo y vimos mucho jaleo de cables con cámaras de cine.
El director buscaba una niña con expresión picara e inteligente. Además tenía que ser una niña de la escuela, no quería nadie profesional. Se fijaron en una compañera y vecina era muy expresiva y atractiva.
Las aulas estaban llenas de aparatos para hacer la película. Nosotras seguíamos con nuestro trabajo como si no estuvieran allí
¡de eso se trataba! Grabaron la vida del colegio a cada paso y se proyectó en el cine Rialto de Gran Vía
Ese día vimos otra película de los chicos del colegio de la Paloma.

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