miércoles, 10 de abril de 2013

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La peluquera debería tener vocación.
La buena peluquera, su oficio, tiene un parecido a todo trabajo que se hace con gusto y sobre todo con vocación, como médico, psicólogo, practicante, pedicuro, masajista…todo lo que sea manipular a la persona. Esta debe ser conocedora o experta de su profesión por ser una responsabilidad de todo lo que tiene en sus manos. También está el tema de saber escuchar y que no lo divulgue como si fuera cualquier cosa. Mientras atiendes a las clientas te hablan de sus cosas, sobre todo cuando tienen que estar horas con nosotras.  Por ejemplo con las permanentes de los años 50, eran muchas veces hasta dos horas. Todavía se hacían en caliente con los saquitos de carburo. Con este trabajo había que tener mucho cuidado. Al hervir el carburo, el vapor goteaba y podía pasar al cuero cabelludo. Lo escurríamos muy bien apretándolo con las dos manos para no quemar a la señora. Poníamos algodones entre los aparatos  para que no goteara y teníamos mucho cuidado. El sistema era complicado. 

Se ponía primero el fieltro que estaba abierto como si fuera un ojal. Este era rectangular de unos seis centímetros por tres, se introducía el mechón de cabello y a continuación el sistema que sujetaba el rulo. Enrollábamos el pelo con el rulo y después poníamos el saquito de carburo y la pinza de la maquina Eva. Cuando llegó la permanente en frio, ¡fue la solución a tanto trabajo y riesgo!. El tinte también lleva tiempo, todo el trabajo es muy delicado y responsable. A veces había señoras propensas a las alergias y hacíamos las pruebas. Estas eran aplicando un poco de tinte detrás de la oreja. Al día siguiente si no hacía reacción se le teñía. 

En mi época se peinaba muy diferente a lo que se hizo dos décadas después. En los años 70 cambió la moda y se empezó a trabajar con secador de mano; el brushing. Fué muy bonito el trabajo, pero menos elaborado. Cuando yo empecé primeramente se ponían los rulos, o también se hacía “sortijillas”, ¡Así lo llamábamos!. Estas “sortijillas” las hacíamos en toda la cabeza. Lo importante era colocarles muy bien las líneas, porque después de seco el pelo se trabajaba mejor y podíamos hacer de ese modo, ondas, bucles, moños artísticos, melenas muy sueltas y elegantes. ¡Siempre nuestras ayudantas nos lo preparaban  bien!. Era la base de todo. Nuestro trabajo era muy conocido y las clientas nos lo decían muchas veces ¡es muy bonito, duradero y original!. Era nuestro estilo. 
 
La peluquera que me enseñó de Ricardo Ortiz, que está cerca de Ventas, vino a verme con su esposo. Cuando les vi llegar me lleve una sorpresa muy agradable. ¡Fui su aprendiza un año!. Me dijo que había oído hablar mucho de mi trabajo y quería comprobarlo. El público que tuve, ya no pudo ser mejor. Recuerdo que nos decían… ¡qué suerte tenéis! Siempre tanto trabajo. Yo pienso que la suerte está en trabajar lo mejor posible. También me decían las personas que acudían a nuestro local, que las agradaba mucho las toallas tan limpias. Algunas clientas, aunque llevaran mucho tiempo viniendo no sabían que éramos hermanas. Al enterarse, se extrañaban por lo bien que nos entendíamos, y el respeto que nos teníamos en el trabajo. Nos decían que lo normal y corriente era que los hermanos riñeran en el trabajo. Nosotras con la mirada nos entendíamos, sabíamos lo que teníamos que hacer. 
   
Hubo una moda que a mi particularmente no me gustaba; fué el pelo cardado. Era muy exagerada la altura que se podía hacer con el cabello y la raíz sufría bastante. Esta moda sería en los años 60. Yo si podía no lo hacía. En los años 80 hubo otra moda de los cabellos casi quemados, muy feos. Menos mal que mucha gente no lo quiso. Con lo clásico casi siempre se acierta. Ahora, en este año que escribo 2013 se usa la tenacilla. Vuelven los trabajos bien hechos, como en los años 50. También se emplea una plancha especial para alisar el cabello. Ahora vuelven las ondas al agua y las melenas brillantes, bucles con las tenacillas. Los moños artísticos y favorecedores. En los años 40 se empleaban mucho las tenacillas para hacer ondas y hacer el moño. 
El pelo en la mujer es lo más bonito. Ahora el hombre también se preocupa mucho de su estilismo.    
  
  
  

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